Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
1 Juan 1:5
La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
1 Juan 1:7
Ya era muy tarde en la noche cuando un hombre fue a visitar al predicador, a quien había escuchado el día anterior. Ahora estaba ante aquel que, horas antes, mediante su mensaje, había tocado lo más profundo de su corazón.
–Usted dijo que la gracia es inagotable en cuanto a su poder para perdonar. No sé cómo reaccionan los demás, pero yo no logro comprenderlo. Desde anoche me veo tal como soy en realidad… ¡Es insoportable!
–Tiene razón, nadie puede soportar la luz de Dios que penetra en un corazón, a menos que esté acompañada de su gracia perdonadora, le respondió el predicador. Solo la gracia divina es suficiente para todas las situaciones y para todos los hombres. Incluso si sus manos estuviesen manchadas de sangre, la compasión de Dios y su perdón estarían a su disposición.
La Biblia dice: “Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:8-9).
Después de horas de lucha y combates interiores, el hombre confesó a Dios toda la negrura de su vida. Entonces el sol de la gracia divina brilló en él y halló la paz.
“En él (Jesús) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:4-5).
Éxodo 5 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10
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