Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor… Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
Efesios 5:21-22, 25
Cuando nos casamos amamos a nuestro cónyuge y hacemos caso omiso de sus defectos. Pero después de algún tiempo de vida en común, esos defectos se hacen más visibles, sin hablar de las faltas de cuidados e irritaciones recíprocas, más difíciles de soportar. A menudo las tensiones van apareciendo en las parejas a medida que el tiempo avanza…
Parejas cristianas, tenemos un recurso, pues Dios eleva siempre las cosas más sencillas de la vida a la altura de sus pensamientos. El vínculo conyugal es, a sus ojos, una imagen de la relación que une a Cristo con su Iglesia, compuesta por todos los verdaderos creyentes. El marido es para su esposa, como el Señor para su Iglesia: la rodea de su amor y de sus fieles cuidados. La mujer es, para su marido, como la Iglesia para Cristo: está sumisa a él, responde a su amor y se beneficia de sus cuidados. Es la ayuda idónea que Dios pone a su lado.
Esposa cristiana, los defectos de su marido son uno de los ámbitos en los que Dios la coloca a su lado para que le sea de ayuda. Marido, las debilidades de su esposa hacen que ella necesite su ternura y su apoyo. Tanto para el uno como para el otro, son ocasiones de poner en práctica la Palabra de Dios. Son cosas que están en las manos de Dios para formarnos y educarnos.
Maridos y esposas, vivamos en nuestra pareja los papeles complementarios que Dios atribuyó a cada uno para nuestra felicidad, en lugar de quejarnos de nuestro cónyuge. Así nuestra vida familiar será más feliz, para la gloria de Dios.
Éxodo 11:1-12:20 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21
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