
La palabra pecado se traduce en el diccionario como: “Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que es una falta a lo que es debido”.
El tema es que no hace referencia al parámetro, y les deja a las culturas el encargo de definirlo acorde con sus propios juicios.
Pero la verdad es que la única forma de definir el pecado es acorde con lo que dice la Biblia, que es la Palabra de Dios, y significa que es todo lo que va en contra de lo que Dios establece como la forma correcta de actuar y vivir.
Allí en la Biblia, en el evangelio de Juan, capítulo 8, verso 36, dice: “Así que, si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres”. (RVC)
El pecado nos encadena en la culpa y la vergüenza, pero Jesús ofrece una libertad que es real y duradera.
Esta libertad no se trata de perfección, sino de ser liberados del poder del pecado.
Cuando aceptas el sacrificio de Cristo, la puerta de la prisión se abre de par en par. Ya no te definen tus errores o hábitos del pasado.
Esa gracia redentora te capacita para experimentar una nueva vida.
Sabiendo que, incluso cuando llegues a fallar, la misericordia de Dios te va a levantar.
Te invito a que aceptes ser libre del poder condenador del pecado por medio de Jesús.
Renuncia a la condenación y abraza la libertad que Jesús conquistó para ti en la cruz del Calvario.
Oremos: “Amado Señor, gracias por el regalo de la verdadera libertad. Rompo todo acuerdo y costumbre con cada pecado y hábito que busca atarme. Lléname de Tu Espíritu para que pueda caminar en el poder de tu santidad. Gracias por la libertad que solo Tú puedes brindar, lo oro en el nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: “Así que, si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres”. Juan 8:36 (RVC)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
