Las marcas de la silla

Había notado antes las marcas en las sillas. La primera vez pensé que era una pena que las tuvieran porque realmente apenas llevan cuatro años en nuestra familia. En otra ocasión lo que vino a mi mente fue que no estaban hechas de una madera muy dura, porque de lo contrario no se habrían marcado tan rápido. Pero en esta última ocasión cuando mis ojos se posaron en las marcas cruzó por mi mente un pensamiento diferente.

Esas marcas indican que las sillas son parte de una familia que vive en la casa, que las usa. Las marcas muestran que hemos celebrado alrededor de esa mesa, sentados en las sillas. Que hemos compartido en múltiples cenas, desayunos y almuerzos. Las marcas nos indican que el tiempo pasa, pero los recuerdos quedan para siempre. Las marcas de las sillas son un monumento a la vida que Dios nos permite disfrutar como familia, junto a los amigos.

En la vida es igual. A veces llevamos marcas que no quisiéramos tener. Pueden ser arrugas visibles, o tal vez sean invisibles, las del alma, el corazón. Pero esas marcas hablan de quién somos, son parte de nuestra historia, de lo que Dios ha hecho en nosotros y por nosotros.

Pablo llevó en su cuerpo las marcas de Jesús. Rajab colgó de su ventana la marca que la haría libre. Los israelitas pintaron con sangre la marca que les guardaría la vida. La mujer samaritana dejó en el pozo la marca de su vergüenza y la cambió por la marca de la nueva vida. ¿Y Jesús?, Jesús llevó en su manos y sus pies la marca que nos hizo para siempre hijos de Dios.

Algunas marcas duelen más que otras, pero todas conforman nuestra historia. Algunas fueron resultado de malas decisiones, otras llegaron porque Dios las consideró necesarias. Y otras, como las de ser madre, las escogimos nosotras mismas y aunque allí están, no tan lindas, nos producen satisfacción.

Así que nunca pensé que daría gracias por las marcas de la silla. A todos nos gustan las cosas nuevas y relucientes, ¿verdad? Pero las cosas sin marcas no tienen historia, y donde no hay historia, no hay vida.

Por eso hoy quiero invitarte a dar gracias por las marcas de tu vida, quizá las que ves en las paredes de tu casa, las que encuentras en las páginas de tu Biblia tan usada, y sí, también por las que no se ven. Tenemos una historia que el Señor nos ha permitido vivir, que también podemos usar y contar para bendecir a otros.

“Den gracias al Señor y proclamen su grandeza; que todo el mundo sepa lo que él ha hecho”. 1 Crónicas 16:8, NTV

Bendiciones en tu semana,

 

Wendy

Acabas de leer “Las marcas de la silla”, parte del “Desafío a dar gracias 2014”. Si quieres ser parte de este movimiento de gratitud, visita wendybello.com

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