Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.
Salmo 46:10
Un exceso de informaciones nos invade actualmente. Para muchos, quizás el periódico está en la mesa del desayuno, radio y televisión están encendidas, tenemos que leer muchos correos electrónicos cada día, y el acceso a Internet está continuamente a nuestra disposición. Esto nos parece natural, pues queremos saber qué sucede en el mundo, cómo andan los negocios y quizá quién está ganando en los deportes, qué tiempo hará mañana… A las informaciones que buscamos se añade la publicidad, que corre el riesgo de invadir nuestra mente y sobrecargarla. Estamos obligados constantemente a filtrar y escoger lo que realmente queremos saber.
Sin embargo, escuchemos hoy lo que Dios quiere decirnos. Tiene una comunicación de vital importancia que quiere transmitir a todos: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Detengámonos un momento en esta declaración: Dios nos ama y desea hacernos un regalo: la vida eterna, es decir, una relación establecida y permanente con él. Todo el que cree que Jesucristo es su Salvador recibe ese don maravilloso.
Una información así es esencial, pues viene de Dios mismo y tiene que ver con nuestra existencia presente y eterna; puede guiar nuestra vida. Vale la pena, pues, escuchar la voz de Dios seriamente y recibir a Jesucristo, el don de Dios.
“Tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:14-15).
Números 33 – Lucas 9:21-43 – Salmo 88:1-7 – Proverbios 20:2-3
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