Mateo 18:10
Jesús… les dijo: Tengo compasión de la gente.
Marcos 8:1-2
Los relatos de los cuatro evangelios nos llaman la atención debido a su sencillez. A través de ellos, en Jesús, Dios se revela. Y esta revelación también es para nosotros, pues Dios no cambia. Veamos a Jesús, rodeado de niños; sus discípulos querían alejarlos de él, porque creían que esos pequeños molestaban al maestro. Jesús, indignado, reprendió a sus discípulos y, tomando en brazos a esos niños, los bendijo (Marcos 10:13-16). En toda ocasión mostró a los niños el más tierno interés. Aún hoy nuestro Dios tiene compasión de los niños en todo el mundo.
Al atardecer de un sábado llevaron a Jesús numerosos enfermos. Pese al cansancio de un largo día, Jesús los acogió con compasión. Hubiese podido sanarlos a todos simplemente mediante una palabra, pero quiso ocuparse personalmente de cada uno (Lucas 4:40). Usted que está sufriendo, puede estar seguro de que Dios quiere ocuparse de su caso personal, como si fuese único.
Multitudes de personas siguieron continuamente a Jesús durante varios días. Él les enseñó sin cansarse y sanó a los enfermos. Sus discípulos, cansados, le sugirieron que despidiese a todas esas personas, pero Jesús se negó rotundamente a dejarlos ir en ayunas. Como sabía que algunos venían de lejos, temía que no soportasen el cansancio del camino (Marcos 8:3), por eso él mismo alimentó a la multitud antes de dejarla ir. El Señor Jesús es sensible a la escasez de los que tienen hambre.

(continuará)
Génesis 34 – Mateo 20:1-15 – Salmo 18:25-30 – Proverbios 6:12-15
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