
¿Cuántas personas son muy rápidas para hablar, para responder sin pensar?
Cuando hablamos, cuando se envían mensajes de texto o en nuestras reacciones ante algún comentario que nos incomoda, nuestras palabras vuelan.
Entonces te pregunto, ¿alguna vez te detienes a pensar en el poder que llevan?
Hay una frase popular que dice que “la palabra hiere más que la espada”.
Por lo tanto, quiero presentarte argumentos sobre el impacto divino de lo que hablamos.
La Biblia es muy clara sobre la influencia de nuestra lengua, es así como en el libro de los Proverbios, capítulo 18, verso 21, nos enseña que: “En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto» (NVI)
¡Esto no es una exageración, es una verdad espiritual!
Con nuestras palabras podemos destruir la autoestima de una persona, sembrar discordia o alimentar la amargura.
Pero damos ¡gloria a Dios!, porque también podemos usar esa misma lengua para sanar heridas, edificar la fe de alguien, declarar la verdad de la Palabra de Dios sobre nuestras circunstancias y llevar esperanza a quien la ha perdido.
Debes comprender que tus palabras son semillas con las que vas a cosechar vida o muerte.
Ten esto muy en cuenta: “Dios te ha dado el poder de elegir tus palabras”.
Desde hoy decide usar tu lengua para construir, no para dañar; para afirmar y no para destruir; para amar y no para odiar.
Que cada frase que salga de tu boca sea un reflejo del amor y la gracia de Cristo.
Oremos “Amado Señor, te entrego mi boca y cada palabra que sale de ella. Ayúdame a pensar antes de hablar y a usar mis palabras para bendecir y dar vida. Que mi lengua sea un instrumento de tu amor y que con ella pueda yo ser reflejo de tu verdad en este mundo, lo oro en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: «En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto». Proverbios 18:21 (NVI)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
