
Podemos leer en la Biblia que muchos de los enemigos de David lo perseguían, por lo tanto, se veía obligado a pelear, aunque no quisiera.
Entre ellos estaba Saúl, quien, siendo rey, le tenía celos; pero luego leemos que también lo persiguieron los filisteos, al igual que algunas tribus de los pueblos vecinos.
Así que David sabía que debía luchar, aunque no tuviera fuerzas.
Y creo que por esto escribió el Salmo 18, el cual es un cántico de alabanza de cuando el Señor lo libró de las manos de todos sus enemigos.
Precisamente en el Salmo 18, verso 39, dijo lo siguiente: “Me has armado de fuerza para la batalla; has sometido a mis enemigos debajo de mis pies”. (NTV)
Por momentos podemos identificarnos con David, es decir, que atravesamos temporadas en que hay oposición, se levanta un ataque espiritual contra nosotros mediante mentiras, chismes, intimidación, amenazas, bloqueo en el trabajo y muchas otras dificultades que no quisiéramos tener que enfrentar.
Pero, aunque sabemos que nosotros no lo hemos provocado, nos encontramos en medio de estas luchas. No hay deseos de pelear, pero tenemos claro que si no nos levantamos, el enemigo tomará ventaja.
Una cosa que David lo tuvo totalmente clara era que, para ganar sus batallas, necesitaba de la intervención de Dios; por eso dijo en el mismo salmo, pero en el verso 32, que “Dios lo ciñe de poder”.
En otras palabras, Dios da el poder para vencer aun cuando en lo natural no hay ninguna opción.
Porque, ¿cómo podría David, siendo un jovencito, vencer a un rey que tiene el poder de un ejército a su disposición?
Pero, aun así, Dios se encargó, le dio la victoria, porque solo Él podía “adiestrar sus manos para la batalla” y además darle “fuerzas para la pelea”.
Igual es hoy en día; nosotros también contamos con la dirección y sabiduría que nos da el Espíritu Santo para enfrentar al enemigo, y fuerzas físicas renovadas para pelear.
Te pregunto: ¿Estás enfrentando alguna batalla espiritual? ¿Sientes que no tienes fuerzas?
Si es así, no olvides que el Dios Todopoderoso está contigo.
Toma tus armas espirituales y hazle frente al enemigo. El diablo no tiene poder frente a un(a) hijo(a) de Dios que hace uso de su autoridad espiritual.
Busca al Señor con fe, cántale alabanzas a Su Nombre, porque Él te da las fuerzas para pelear.
Oremos: “Amado Señor, gracias por mostrarme que mis batallas son como nada para ti. Que con Tu Poder, Gracia y Sabiduría puedo vencer. Sé que el enemigo de mi vida no tiene poder sobre mí, porque fue vencido en la Cruz del Calvario. Recibo tu Palabra y te agradezco por todo lo que haces en mí y por intermedio de mí; lo declaro en el Nombre de Jesús. Amén.”
Versículo: “Me has armado de fuerza para la batalla; has sometido a mis enemigos debajo de mis pies” Salmos 18:39 (NTV)
Buen día.
Juan C. Quintero
buendiatodoslosdias.com
