
Estamos conviviendo con la intolerancia, la impaciencia, en gran medida causada por los afanes de la vida y por los temperamentos desbordados.
Esta mezcla hace que se cometan errores, especialmente en la relación con los demás, lo que le abre una puerta al maltrato y a las discusiones, haciendo que en muchos casos se sobrepasen las líneas del respeto y de las buenas maneras.
El dolor por la falta de perdón es la principal causa de un corazón amargado, a esto la Biblia lo llama tener una “raíz de amargura”.
Pero todo esto se puede solucionar si activamos la obediencia a Dios y a Su Palabra. Esto implica que se recibe la revelación y se actúa en concordancia.
En la Biblia en el libro de los proverbios, capítulo 28, verso 13, dice así, “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, alcanza la misericordia”. (NVI)
El primer paso para ablandar una conciencia cauterizada es asumir la responsabilidad de la propia culpa personal.
Para ser un(a) cristiano(a) auténtico(a), se requiere que aprendamos de Jesús, quien lo dio todo por nuestra redención, se hizo pecado, sin haber pecado jamás, para pagar el precio por todos los pecadores del mundo.
Dos cosas aprendemos hoy del versículo, una que el encubrir, es decir ocultar el pecado, actúa directamente sobre nuestra capacidad para prosperar.
La segunda parte establece que quien es valiente para confesar y para soltar el pecado recibe la misericordia de Dios.
Dios perdona en Jesús todos tus pecados, pero debes hacer lo que dice el versículo, esto es, confesar el pecado y nunca más volver a pecar.
Revisa tu vida, la relación con tu familia, pero especialmente la clase de relación que llevas con tu cónyuge, tus hijos, tus padres y hermanos, para asegurarte de que no estás justificando tus faltas, sino que, por el contrario, que tú asumes la responsabilidad, con valentía y humildad para perdonar y pedir perdón.
¿Por qué perdonar?, porque el perdón es una virtud poderosa que hace que las relaciones se reestablezcan, que la amargura desaparezca y que de esta manera reflejemos el amor de Dios.
Oremos “Amado Señor, hoy reconozco primeramente ante ti que he pecado, decido no pecar más, con este perdón me prostro ante Jesús, reconociéndolo como mi Señor. Y asumo la responsabilidad para perdonar y pedir perdón a todos aquellos quienes me han ofendido de alguna manera, lo pido y declaro en el nombre de Jesús, Amén”
Versículo: “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, alcanza la misericordia”. Proverbios 28:13 (NVI)
Buen Dia
Juan C Quintero
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