Centrar nuestra atención en Cristo nos ayuda
a mantener la mente y el corazón abiertos,
para acoger la vida plena que Dios nos
brinda y convertirnos en instrumentos
de su amor hacia los demás.
Yo soy la puerta: el que por mí entre será
salvo; entrará y saldrá, y hallará pastos.
Juan 10:9
