Amado Dios, gracias porque tú no te dejas influenciar
por los fracasos o éxitos del pasado, no tomas en cuenta lo
que otras personas piensan de mí. Sólo tú conoces exactamente
quién soy, lo más increíble de todo es que sigue amándome
lo suficiente como para permitir que Jesús muriera por mí.
Mi corazón está lleno de gozo inexplicable
por esta gran verdad.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;
y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
Efesios 2:8
