Señor Jesus tú que te hiciste niño, fuiste carpintero
y moriste crucificado en la cruz por nosotros,
no permitas que la vanidad de este mundo y
el orgullo vano nos alejen de ti y nos convirtamos
en tropiezo para los que te buscan.
Crea en mí, oh Dios un corazón limpio
y renueva un corazón recto dentro de mí.
Salmos 51:10
