Cuando el mar de la vida está en calma, no parece haber
necesidad de tener un Capitán que doblegue la tormenta en
nuestro barquito. Pero los problemas y la muerte nos
llegan a todos y no sabemos la hora. Negar nuestra necesidad
de Dios es negar la realidad. Fuimos creados con un
vacío en nuestro corazón que solo lo puede llenar Cristo.
A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres,
Yo también le confesaré delante de mi Padre que está
en los cielos. Y cualquiera que me niegue delante
de los hombres, Yo también le negaré delante
de mi Padre que está en los cielos.
Mateo 10:32-33
