El matrimonio como parte de nuestro peregrinaje

El autor de Hebreos nos habla en el capítulo anterior de una “nube de testigos” que tenemos los creyentes, que son los héroes de la fe. Ellos vivieron poniendo sus ojos en el Dios verdadero y “anhelando una patria mejor, es decir, celestial” (Hebreos 11:16).

Estos héroes vivieron la fe que el Señor les dio, despojándose del amor por las cosas de este mundo y deseando la eternidad con Cristo. Ellos, pecadores como nosotros, lo hicieron imperfectamente, pero sus ojos estuvieron puestos en Aquel que los sostenía perfectamente hasta el día en que el Señor los llamó a casa.

El matrimonio puede representar gran parte de nuestro peregrinaje en esta tierra. Quizá sea un camino difícil y cansado, pero este pasaje nos anima a poner nuestra mirada en Cristo; Él es quien perfectamente nos sostiene mientras andamos.

Nuestra meta es vivir siendo fieles al Señor en nuestros matrimonios hasta el día que Él nos llame a casa. Esto solo lo podemos hacer en las fuerzas del Espíritu Santo, quien vive en todo aquel que ha confesado a Cristo como único y suficiente Salvador y Señor y se ha arrepentido de sus pecados.

A veces solemos ver el matrimonio como un fin y no como un medio. Vemos el matrimonio como un evento que nos tiene que hacer felices, y no como una larga carrera de aprendizaje y crecimiento. Nuestras expectativas cambian cuando entendemos que nuestro matrimonio es parte de nuestro peregrinaje cristiano y que es un medio para ver, disfrutar, y conocer más a nuestro Salvador.

Entonces empezamos a comprender que, cuando entramos en el matrimonio estamos entrando a una vida de aprendizaje; de caer y levantarnos; de pedir perdón y perdonar; de soportar y dejar que el Señor moldee nuestro carácter y nos haga más como Cristo.

Las personas, las cosas, y las situaciones de la vida —incluyendo el matrimonio— no deberían ser nuestra meta. Nuestra meta es conocer, deleitarnos, y amar a Cristo. Al poner la mirada en Jesús, veremos que las personas que Dios ha puesto en el camino (como nuestro esposo) son un medio que Dios nos ha dado para que busquemos y dependamos más y más de Él.

Por Gaby Galeano, para Coalición por el Evangelio. 

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