
Se dice que la escultura de Miguel Ángel, de “David”, demoró aproximadamente 3 años en ser esculpida; fue un proceso lento pero efectivo; Miguel Ángel tuvo que quitar con cuidado cada parte del mármol hasta terminar la obra maestra.
Dios es nuestro escultor divino, quien está trabajando en cada creyente para que cada día nos parezcamos a Jesús.
El proceso de ser transformado por Dios suele doler porque implica desprenderse de lo que sobra.
Cada golpe en tu vida es como el trabajo de un escultor que va “cincelándote para perfeccionarte”; esto puede llegar en forma de una prueba, una espera, una pérdida; pero estas no ocurren para destruirte, sino para pulirte.
Es como si Dios estuviera quitándote el exceso de ego, el miedo y otros elementos que te apartan de ser la persona que Dios quiere que seas porque ocultan la obra maestra que hay en ti, en tu interior, pero que necesita salir a la luz.
En la Biblia, en la carta a los Filipenses, capítulo 1, verso 6, dice: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando…” (RVR60)
El Señor, por medio del Apóstol Pablo, nos deja saber que no somos producto terminado, sino que somos una obra en proceso.
Por lo tanto, no juzgues lo que el Señor está haciendo contigo por lo que no te parece que esté funcionando; más bien, levanta la mirada y confía en que estás en las manos del sabio escultor, quien no ha terminado contigo.
Eres un proyecto personal de Dios, y Él nunca deja un edificio a medias ni una obra sin terminar.
Oración: “Amado Señor, confieso que el proceso que llevas en mi vida es doloroso, pero confío plenamente en que me estás perfeccionando para parecerme a Tu hijo Jesucristo. Te pido que no me sueltes; aunque me duela, quiero seguir avanzando de tu mano. Esto lo oro en el Nombre de Jesús. Amén”.
Versículo: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando…” Filipenses 1:6 (RVR60)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
