
Hay personas que sienten que los problemas, los retos y las dificultades no terminan; superan uno y les llega otro; y luego otro.
Si te identificas con esto, te invito para que revises en la Biblia la vida de David, porque creo que pocos pasaron por tantos retos como los que este hombre experimentó; cuando joven cuidando ovejas se enfrentó a leones y a osos; su padre lo tuvo relegado cuando el profeta había sido enviado a ungir al nuevo rey de Israel, una vez que recibió la unción, fue perseguido por el entonces rey Saul, pero, además, tuvo problemas con los enemigos, y ataques de hombres violentos.
Muchos en la posición de David, se hubieran rendido y habrían perdido la confianza en Dios, porque, después de todo, las circunstancias que David vivía no parecían coincidir con las palabras que Dios había decretado.
Es en los momentos retantes en los que la fe se pone difícil, ¿no?; es ahí justo en medio de las luchas cotidianas donde nuestra esperanza puede ser atacada por la incertidumbre, y las convicciones sacudidas por lo que aún no se puede entender.
La realidad es que, en medio de la lucha es donde somos más propensos a abandonar la fe, a renunciar a las promesas de Dios y a cuestionar Su fidelidad… Pero David eligió de manera diferente.
Fue así como en el Salmo 27, verso uno dijo “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?; El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme?” (NVI)
David podría estar confundido por las dificultades que enfrentaba. Pero se negó a dejar que lo que no sabía le robara la seguridad de lo que sí sabía, tal y como lo expresó en el verso 13 del mismo Salmo 27, que dice “Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes”.
Hoy, quiero animarte para que puedas confiar sin rendirte, que sigas el ejemplo de David, quien contra todo mal pronóstico pudo declarar una victoria que no se podía ver en lo natural, pero que si se puede ver y alcanzar cuando tienes certeza en los planes de Dios.
Admite que no entiendes lo que pasa, pero que proclamas audazmente lo que sí sabes, ¡Que el Señor está contigo y que Él nunca te fallará!.
Oremos “Amado Señor, no sé lo que estás haciendo en mis momentos difíciles, pero sí sé que me amas y que estás conmigo. Ayúdame a depositar mi confianza en Tu Palabra y en Tu fidelidad, que, aunque no pueda ver nada en lo natural confío en Ti, porque tu poder es Sobrenatural, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?; El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme?” Salmos 27:1 (NVI)
Buen Dia
Juan C Quintero
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