Juan 15:16-17
Después de los ejemplos de ayer en la empresa, la familia, la escuela y la casa de Dios, consideremos hoy la maravillosa manera como el Señor «contrató» y formó a sus discípulos. En primer lugar, llamó a sus compañeros en medio de sus actividades cotidianas: no escogió a personas que no tenían nada que hacer. Pedro decidió seguir a Jesús el día más brillante de su carrera, después de la pesca milagrosa. Cuando Jesús llamó a Mateo (Leví), este estaba en su trabajo, sentado al banco de los tributos públicos (Lucas 5:11, 27).
No se necesitó un largo proceso de contratación selectiva y competitiva: el Señor los conocía y sabía todo de antemano. Sabía que Pedro lo iba a negar, e incluso acogió a Judas, traidor que tres años más tarde lo entregaría. Pero dedicó una noche entera a la oración antes de designarlos como apóstoles (Lucas 6:12-13).
¿Cuál fue su formación? Jesús “estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos” (Marcos 3:14). Primero los tuvo junto a él, en la comunión e intimidad de su gloriosa persona, para luego poderlos enviar.
¿Existe una mejor formación que seguir a Jesús para servirle? A lo largo de esas etapas del camino, los discípulos fueron enseñados, formados. Y antes de enviarlos, Jesús les dijo: “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro” (Mateo 10:24-25). Además: “Si alguno me sirve, sígame” (Juan 12:26). ¡Él desea que nos parezcamos a él!

Isaías 23 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17
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