
Te pregunto ¿en quién confías cuando la vida se torna difícil? ¿a dónde vas cuando las facturas se acumulan, o cuando tienes conflictos en tu relación; o cuando te estás sintiendo solo(a) y desesperado(a)?
La realidad en nuestro medio es que la mayor parte del tiempo la gente trata de resolverlo todo individualmente, es decir, que tratan de crear un plan para arreglar la situación; pero en la inmensa mayoría de los casos, el resultado suele ser que se cae en la desesperanza, la frustración y la derrota.
En la Biblia en el primer libro de Reyes, capítulo 17, se relata de una viuda, y la llaman “la viuda de Sarepta”, quien se quedó sin comida, a ella se le ocurrió un plan; solo podía pensar en su propio problema, por lo que planeó utilizar sus últimas provisiones para cocinar una última comida, dijo que ella y su hijo “comerían esto y luego morirían”.
Es decir, que ella estaba tomando decisiones basadas en su propia capacidad para decidir, pero no tuvo en cuenta a Dios.
Afortunadamente, cuando confiamos en Dios, podemos tener la certeza de que Él no nos deja abandonados tratando de solucionar por nuestra cuenta las situaciones difíciles.
Cuando continuamos leyendo el relato de la viuda, podemos observar que Dios tenía un mejor plan para ella, por eso le envió al profeta Elías para que le mostrara lo que Él quería hacer.
Elías le dijo: “Pero Elías le dijo: «No tengas miedo. Ve y haz lo que quieres hacer, pero antes cuece una pequeña torta bajo el rescoldo, y tráemela; después cocerás pan para ti y para tu hijo”. (1 Reyes 17:13- RVC).
Elías además le dijo que El señor había determinado que la harina y el aceite no se acabarían hasta que terminara la sequía. Al escuchar las palabras de Elías, la viuda tuvo que tomar una decisión. Podía confiar en Dios, alimentar primero a Elías y creer en la provisión de Dios. O bien, podía confiar en sí misma. Finalmente la viuda confió en Dios y fue bendecida con comida para sobrevivir a la sequía.
Así podemos asegurar que, el Señor ve más allá de lo que nuestra mente puede comprender y de lo que nuestros ojos pueden ver.
La viuda escuchó y obedeció, es lo mismo que Dios quiere de nosotros. Que escuchemos Su voz y que hagamos lo que Él dice.
Oremos “Amado Señor, aunque tengo muchas ideas y planes personales, yo decido confiar en tu plan para mí. Abro mi mente para recibir tus instrucciones y aunque me parezcan difíciles las cumpliré, porque lo que Tú digas será lo mejor para mí, lo declaro en Cristo Jesús, Amén”
Buen Dia
Juan C Quintero
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