
A veces pasa que cuando las personas se encuentran bajo presión hacen promesas que en otras circunstancias no las harían.
Por ejemplo, si hay presión en la vida familiar, surge espontáneamente el compromiso de pasar más tiempo con ellos; o si es referente a la salud, se promete que se van a cambiar hábitos y a hacer ejercicio
En la vida espiritual, es similar; por eso te pregunto, ¿realmente cumples las promesas hechas a Dios en los momentos de presión personal o familiar?; y si lo has hecho, ¿Por cuánto tiempo?
Creo que el problema no son las promesas, sino que algo está pasando en el interior.
Puesto que en cada uno de nosotros conviven dos naturalezas, la natural o carnal que está propensa a hacer las cosas que desagradan a Dios, y la naturaleza espiritual que nos lleva a hacer la voluntad de Dios.
En la Biblia, en la carta a los Romanos, capítulo 7, versos 21 al 23, Pablo relata esta situación con claridad cuando escribió lo siguiente, “Entonces, aunque quiero hacer el bien, descubro esta ley: que el mal está en mí. Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero encuentro que hay otra ley en mis miembros, la cual se rebela contra la ley de mi mente y me tiene cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”. (RVC)
La realidad es que, si se convive más con lo carnal, se va a expresar una mayor manifestación de esa naturaleza; pero si se pasa una buena cantidad de tiempo con las prácticas espirituales, entonces se va a manifestar el poder para vencer sobre lo carnal.
Te recuerdo que el Espíritu Santo ¡es tu Ayudador!
Que es el mismo Espíritu que descendió el día del bautizo de Jesús, y que lo capacitó para vencer sobre las tentaciones, dándole dominio propio; y que siempre será quien te ayude para vencer sobre el mal.
Pero Él no trabaja solo, lo hace con nosotros. Esto significa que necesitas leer la Palabra de Dios todos los días, orar, congregarte; y también, compartir con hombres y mujeres de fe.
Pero además debes buscar que el Señor te ayude a someterte a Él, de esta forma llagará el poder para alinear tu voluntad con la de Dios para que crezca en ti el fruto del dominio propio; así no harás promesas en vano bajo presión, sino que las cumplirás.
Permite que sea el Espíritu Santo tu verdadero ayudador y renuncia a los pensamientos que llegan para hacer lo incorrecto, y a tu naturaleza carnal que forma parte de tu vieja naturaleza.
El Espíritu Santo puede producir en ti “el querer como el hacer lo bueno”. No estás solo(a)
Versículo, “Entonces, aunque quiero hacer el bien, descubro esta ley: que el mal está en mí. Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero encuentro que hay otra ley en mis miembros, la cual se rebela contra la ley de mi mente y me tiene cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”. Romanos 7:21-23 (RVC)
Buen Dia
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
