
En un país libre todo mundo tiene derecho de expresar su opinión, pero a lo que no tienen derecho es a querer sembrar en los demás sus propios pensamientos con palabras agresivas, comentarios inapropiados, intimidación o actos de desaprobación.
A decir verdad, el ser humano tiene actitudes extrañas, cuando estás bien te envían un saludo, se acercan a ti e incluso en las redes sociales te dan un “like”; pero cuando las cosas no van bien, se vuelcan en comentarios duros, fuertes y en criticas nocivas, es como si quisieran que todo mundo se enterara de que estás pasando por un mal momento, que has fallado, o que te faltan capacidades o talentos; muchos ni se miden al hablar, desatan un manantial de odio y despecho como si quisieran que la persona se hundiera mucho más de lo que se encuentra.
Es por eso que hay que tener cuidado y no prestar cuidado a las palabras necias que quieren destruirte; sé que la crítica puede dañarte el corazón, atrasar la bendición e incluso frenarla.
Si no tienes cuidado, las palabras pueden pasar de tus oidos y ser sembradas en tu corazón.
Hoy quiero que sepas que inevitablemente vamos a encontrar personas negativas, que te quieren minimizar y que incluso te van insultar, que te van a ignorar; quizas porque quieren desanimarte, tal vez, por envidia o porque sus corazones están dolidos por alguna mala experiencia en el pasado… pero tu estás por encima de estas palabras, comentarios, insultos o condenaciones.
Nunca Dios te hablará para minimizarte, sino que, por el contrario, Él quiere siempre sembrar en nosotros, esperanza, paz, amor, usara palabras de animo, te guiara por senderos de justicia y te da promesas que son un manantial de fe para tu vida.
Por eso, si alguien te quiere hacer el mal, entonces recuerda las promesas de Dios, el Señor está contigo, a tu favor, quiere que progreses y que tengas éxito acorde con Su voluntad. Te ama como nadie más puede hacerlo y por ese hecho jamás te abandonará. Deja la crítica a un lado, abandona a los que te critican, te harás fuerte y serás un(a) vencedor(a).
Oremos: “Señor, gracias por ser mi mejor mentor, por creer en mí, por las capacidades, dones y talentos que me has dado, gracias por haberme creado con la fortaleza para rechazar todo ataque negativo que me quiera hacer daño, lo pido y declaro en el nombre de Jesús, Amen”
Versículo: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones”. Jeremías 1:5 (NVI)
Buen Día
Juan C Quintero
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