
Las semillas tienen el poder para reproducir su especie de manera idéntica a la que la generó.
Esto quiere decir que la semilla lleva en sus genes todo lo que es inherente a su propia especie; es por eso por lo que una semilla de mango tiene la capacidad para producir un árbol de mango; dicho de forma simple, en una semilla de mango está la capacidad de producir abundante cosecha de mangos.
Jesús enseñó sobre el poder de una semilla, aplicado al Reino de los Cielos en forma de parábola.
Expuso que “de una semilla muy pequeña podía producirse un árbol tan grande que en este llegarían a anidar las aves” (Mateo 13:32)
Recibiendo revelación de esta declaración podemos decir que “la semilla posee el poder de crecer y dar fruto abundante”.
Si el árbol de mangos da buenas cosechas significa que el árbol creció sano; para eso fue necesaria buena tierra (fértil); buena luz, buen riego y el ambiente propicio para mantenerse; si lo comparamos con la vida de un creyente podemos decir que, en cada uno está la semilla de Dios para producir frutos abundantes, pero que requiere que el corazón sea el terreno fértil en el cual el Señor pueda producir y hacerlo crecer de tal forma que llegue a ser un cristiano altamente fructífero para el Reino.
Todos los cristianos tenemos esa misma capacidad, la diferencia está en la disposición personal y en el compromiso que se coloque con el Señor para que la tierra fértil sea abonada, nutrida con la Palabra de Dios, llena del poder de la oración, afirmada con el fuego del Espíritu Santo y fortalecida con la unción de los dones espirituales.
Es la disposición para que la obra transformadora de Dios actúe en la vida del creyente; quien con la semilla pequeña que el Señor ha puesto en su interior, recibe todo el cuidado y alimento celestial, llega a dar “fruto y fruto en abundancia”, para glorificar y honrar a nuestro Señor.
¿Decides ser tierra fértil para que la semilla de Dios produzca en ti el desarrollo, crecimiento y fructifique abundantemente?
Versículo “Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas»”. Mateo 13:32 (NVI)
Buen Dia
Juan C Quintero
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