
Se relata que los enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, esperaban el movimiento del agua cuando un ángel descendía, en un lugar llamado el estanque de Bethesda, creyendo que el primero que tocara el agua sería sanado .
Ahora, ¡para un paralítico, esto era una muy mala noticia!, porque siempre habría alguien más rápido para llegar al agua; cuenta la Palabra de Dios que había un paralítico que estaba completamente desesperado, y que, aunque sabía que sus posibilidades de llegar al agua a tiempo y ser sanado eran prácticamente inexistentes, aun así, iba al estanque esperando un milagro. Pero este día las cosas iban a ser diferentes, no por el agua del estanque, sino porque el verdadero sanador, Jesús pasaba por allí. Puedes leer el relato en el evangelio de Juan capítulo 5, versos 1 al 18.
No hay duda, Jesús conoce nuestras más grandes necesidades y los momentos de desesperación; Él conoce todo lo tuyo, incluso lo que piensas que no vas a poder cambiar.
Pero, como en el caso del paralítico el encuentro con Jesús le trajo la sanidad que buscaba.
La sanidad que el Señor ofrece comienza cuando tenemos la certeza de que Jesús conoce nuestras necesidades. Él está a la puerta y nos llama tal y como lo expresa el libro de Apocalipsis capítulo 3, verso 20; entonces el turno es nuestro, tenemos la opción de entrar y cenar con Él.
Después de 38 años de paralítico fue sanado por Jesús, el milagro fue simple, el Señor le pregunta a este hombre ¿quieres ser sano?; y luego dio la orden milagrosa, “toma tu lecho y anda” e inmediatamente fue sanado.
Te pregunto, ¿Qué es lo que deseas que el Señor sane en ti?; ¿algo emocional, físico en ti o en alguien que tú amas?; ¿la falta de perdón o una raíz de amargura que no has podido sanar?
Al igual que en aquel tiempo del paralitico, hoy el Señor está cerca de ti, y si tú le crees El te estará preguntando a ti también, “¿Quieres ser sanado?”.
Cuando el milagro ocurra ¿podrías compartirlo con alguien más?; millones necesitan sanidad, y la respuesta no es un estanque, ni ninguna otra creencia, la respuesta está en Jesús.
Oremos, “Padre, ayúdanos a creer que eres el Dios de los milagros y que tu poder sanador puede alcanzarme hoy en mi dolor y necesidad, creo que Cristo Jesús lo puede hacer, lo declaro en tu bendito y santo nombre. Amén”.
Versículo “Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda”. Juan 5:8 (RVR60)
Buen Día
Juan C Quintero
