
Te pregunto: ¿Alguna vez has tenido la tentación de mirar a los demás y compararte con ellos?. Tal vez comparaste tu carro con el del vecino, o tu trabajo con el del amigo de la iglesia; quizás la comparación fue sobre lo educados que son los hijos de otra familia en relación con los tuyos… y tal vez todas esas comparaciones te han hecho sentirte inferior. O te ha ocurrido que te has visto en mejor condición económica que otros y tu ego te ha hecho sentirte más importante que los demás.
Toda comparación que hagamos con los demás es una pérdida de tiempo; eso te puede robar la paz o hacer que te sientas con autoridad y poder por sobre los demás.
Quiero ser enfático… éste es un plan malévolo que sólo busca distraer tu vida de lo que es verdaderamente importante; el enemigo de tu vida quiere convencerte o de que los demás son mejores que tú o de que tú eres mejor que los demás. Este “juego” te aleja de poder vivir en unidad, puesto que rompe tu percepción de la vida y te hace sentir emocionalmente atado a esas comparaciones.
¿Sabías que nadie está viviendo una vida perfecta?. Toda persona ha pasado, está pasando o pasará por momentos de dolor, vivirá dramas y hasta tendrá noches sin dormir.
Al comprender esto entonces, no es necesario que te compares con otra persona; no necesitas eso para sentirte bien contigo mismo.
No permitas que la inseguridad, el orgullo y el juego de las comparaciones te alejen de amar al prójimo.
Recibe este consejo: “lo que Dios tiene para ti es tuyo y nadie te lo puede quitar”
Oremos: “Señor, reconozco que he estado comparándome con los demás; me he prestado para esta clase de distracciones. Hoy reconozco que lo que tú tienes para mí y haces por mí nadie lo puede arrebatar, te bendigo y descanso en ti, lo creo y declaro en el nombre de Jesús, Amen”
Versículo: “Cada cual examine su propia conducta; y si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie”. Gálatas 6:4 (NVI)
Buen Día
Juan C Quintero
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