Tómele a Dios la Palabra.

(El carcelero les dijo:) ¿Qué debo hacer para ser salvo?
(los apóstoles le dijeron:) Cree en el Señor Jesucristo,
y serás salvo, tú y tu casa.
Hechos 16:30-31.
Arrepentíos, y creed en el evangelio.
Marcos 1:15.
Al escuchar las meditaciones de este devocional (leer las hojas de este calendario) usted habrá notado que a menudo se le invita a volverse hacia Jesucristo y entregarle su vida. Este hecho es lo que la Palabra de Dios llama la conversión, el nuevo nacimiento, lo cual es indispensable para estar reconciliado con Dios y conocerle como Padre. Pero, ¿Cómo hacerlo en la práctica? Le sugerimos que hable a Dios lo más sencillamente posible, con sus propias palabras. Lo importante no es elaborar hermosas frases ni repetir el credo de otra persona. Lo que importa no es la forma, sino el corazón. Dios lo aceptará tal como usted es, con sus imperfecciones, vacilaciones y torpezas.
Lo que él espera de cada uno de nosotros es que estemos de acuerdo con la manera en que él evalúa nuestro estado. Para Dios estamos muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:1), como todos los demás seres humanos, y como tales no podemos hacer nada para salir de esta situación; sólo nos quedaría esperar, angustiados, su juicio. Pero Dios es amor y no desea el juicio como solución final para su criatura. Lo que nosotros somos incapaces de hacer, él lo hizo por nosotros: solucionó el asunto de nuestros pecados; cargó con ellos a su Hijo Jesucristo, quien sufrió el castigo en nuestro lugar. En su Palabra Dios afirma: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). ¿Cómo no aceptar este ofrecimiento?
¡Tómele a Dios la palabra y reciba la vida eterna!
