
La queja es algo que aparece cuando estamos descontentos, pero puede ser peligroso permitir que la queja se convierta en un hábito de vida, porque de esta manera se estará permitiendo que la negatividad sature el pensamiento, trayendo como consecuencia la falta de alegría en ese corazón.
En la Biblia, en la carta a los Filipenses, capítulo 2, verso 14, dice: “Háganlo todo sin quejas ni contiendas” (NVI).
En este capítulo de la carta a los Filipenses, Pablo le enseñó a esta naciente congregación a mantenerse firmes en su fe aun en contra de los conflictos internos, aprendiendo a guardar el corazón, y una de las recomendaciones está dirigida al mal hábito de quejarse.
Él no solo quería que fueran conscientes de sus pensamientos negativos antes de que se convirtieran en palabras negativas, sino que también quería que entendieran que quejarse de cualquier cosa, ya fuera una persona o una circunstancia, era esencialmente una queja contra Dios.
Y aunque era Pablo quien realmente tenía motivos para quejarse, no lo hacía, sino que más bien en las dificultades, cárceles, castigos y problemas encontró la oportunidad para alabar al Señor; de esta forma se convirtió en un ejemplo de cómo quería que otros vivieran sus vidas también.
La queja tiene el poder de engrandecer los problemas y de crear mayores barreras entre las personas; además, hace que el cristiano pueda sentir que Dios le ha abandonado.
Hay que tener claro que Dios nos creó con sentimientos y con emociones, pero Él no quiere que nuestros sentimientos gobiernen la vida que llevamos.
La realidad es que está bien no estar de acuerdo con lo que pueda estar ocurriendo, pero no está bien permanecer atrapados en una mentalidad negativa que conlleve ver la vida como algo injusto y doloroso, puesto que eso solo quita nuestro enfoque de quién es Dios y del hecho de que Él se merece alabanza sin importar qué esté ocurriéndonos.
Dios anhela transformar nuestros corazones y mentes para que podamos vivir diariamente con una actitud de regocijo y alabanza. Cuando se controlan los pensamientos intencionalmente, puede buscar llenar el corazón recordando la bondad de Dios, y así llenarse de alegría para que de la boca salgan expresiones de alabanza y honra al Señor, incluso en los tiempos más difíciles.
Oremos: “Amado Señor, hoy reconozco que con frecuencia me he quejado incluso de cosas insignificantes, por eso te pido que me ayudes a reconocer los pensamientos negativos que se han sembrado en mi corazón, y que me fortalezcas interiormente para cambiar la queja por alabanza. Lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: “Háganlo todo sin quejas ni contiendas” Filipenses 2:14 (NVI).
Buen día.
Juan C. Quintero
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