
Vivir en una familia significa experimentar una escuela de aprendizaje permanente, basada en las acciones y vivencias diarias mientras interactuamos los unos con los otros.
La experiencia de ser hijo es totalmente diferente a la de ser padre, y también lo es luego la de ser abuelo.
Por lo tanto, te invito para que veas a tu familia, no por lo que experimentes hoy, sino con la expectativa de lo que se va a vivir cada día.
El matrimonio entre dos cristianos es, primero que todo un compromiso con Jesucristo y luego del uno con el otro.
El enemigo de nuestra fe quiere destruir los matrimonios, y la mejor protección contra sus ataques es el tener una relación profunda, íntima y mutuamente compartida con Jesucristo y al mismo tiempo asumir un compromiso con la obediencia a la Palabra de Dios.
De esta forma no creo que, ni un matrimonio, ni una familia puedan fracasar.
Comparto hoy dos principios que fortalecerán tu matrimonio.
Primero, concéntrate en ser quien deberías ser tu interior, que no seas solo lo que dices, lo que tienes, ni tampoco cómo te ves externamente.
En la Biblia, en la segunda carta a los 2 Corintios, capítulo 3, verso 18, dice “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu”. (NVI)
Todo lo que tienes, incluso tu cuerpo se deteriorará con el tiempo. Por lo tanto, nuestra mirada no debe estar puesta en las cosas terrenales, sino en las eternas, porque de esa manera seremos transformados a ser más como Jesús.
El segundo principio es este: concéntrate en aprender quién es tu cónyuge. Simplemente significa tomar el tiempo de conocerse.
Pero debes partir sabiendo que ninguna persona, y ningún matrimonio, es perfecto. Si te aferras con frustración a un ideal de cómo quieres que sea tu cónyuge o tu relación, estarás afectando tu relación con tu cónyuge y con tus hijos
Dios nos ordena que amemos, ¡Cuánto más a los de la casa! Comenzando por nuestro cónyuge.
Recuerda que en el evangelio de Mateo capítulo 19, verso 6 Jesús dijo, “Lo que Dios ha unido, que ningún hombre lo separe”.
Las familias están centradas en esta verdad, su éxito está directamente atado a la permanencia de la unión.
No podemos permitir que el mundo nos presione en su molde de divorcio, división, delincuencia y todo lo que va con el fracaso de la familia.
Dios quiere hacer de nuestras familias un centro de crecimiento, así que el éxito de la familia debe ser una prioridad para cada cristiano.
Oremos “Amado Señor, reconozco que a veces es difícil ser parte de una familia, pero contigo en el centro es posible mantenernos unidos. Gracias te damos porque por medio de tu Santo Espíritu recibimos la sabiduría, fortaleza y paciencia para seguir adelante. Gracias por mi familia, lo declaro en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu”. 2 Corintios 3:18 (NVI)
Buen Dia
Juan C Quintero
www.buendiatodoslosdias.com

gracias hermoso mensaje . Dios le bendiga.
La honra para el Señor, Dios les bendiga igualmente