que ya nada tiene remedio; confiemos en el
dador de la vida.

Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando
el valle de lágrimas lo cambian en fuentes, cuando
la lluvia llena los estanques; Irán de poder
en poder y verán a Dios.
Salmo 84: 5-7
