
“Mientras estaban a la mesa, cenando, Jesús les dijo: –Os aseguro que uno de vosotros, que está comiendo conmigo, me va a traicionar.” Marcos 14:18
Judas es un personaje muy conocido incluso entre personas no cristianas. Sin dudas es el protagonista de toda conversación en la que se quiera resaltar la traición. Y es probable que al mencionarlo nos posicionemos en la elevada silla del tribunal, y con ligereza juzguemos y condenemos una vez más las acciones de aquel discípulo llamado Judas Iscariote.
Si nos consideramos más santos que jueces puede que con actitud de indignación digamos: – “¡No sé cómo pudo hacerlo. Vendió a Jesús por unas pocas monedas!”. Sin embargo la realidad de nuestra vida puede ser otra, pues innumerables veces nosotros, los que profesamos amor y fidelidad a Cristo, también le vendemos por unas cuantas monedas.
Hay que resaltar que Judas era un discípulo, tenía un cargo importante dentro del selecto círculos que acompañaba a Jesús, también se sentaban juntos a la mesa y comían del mismo pan, y a pesar de toda esta cercanía pudo más la necesidad de satisfacer sus deseos carnales, esta acción individualista desencadenó un error que cobro su vida y su alma.
Nosotros también traicionamos a nuestro maestro cada vez que nos dejamos seducir por aquellas cosas que representan nuestros intereses personales.
¿Cuántas veces hemos vendido a nuestro salvador por unas monedas de buena reputación o reconocimiento en esta sociedad?
¿Cuántas veces hemos entregado a nuestro redentor por unas pocas monedas equivalentes a unos minutos de placer?
Cada vez que decidimos no extender la mano al que necesita nuestra ayuda, ya sea porque no queremos dar de nuestros recursos financieros o no queremos detener nuestra rutina de agenda personal estamos vendiendo al maestro por unas monedas de egoísmo. Cuando nos dejamos seducir por una aventura pasional lo estamos cambiando por unas monedas de placer sexual.
¿Cuántas veces hemos vendido a Jesús? ¿Por cuales monedas?
Hermanos, evaluamos con ojos críticos nuestros comportamientos y decisiones, porque sin darnos cuenta podríamos ser instrumentos de traición al igual que Judas y puede que estemos vendiendo a nuestro amado maestro por cosas sin valor.
Mantengámonos firmes, renunciemos a los placeres pasajeros y a los intereses egocéntricos. Sacrifiquemos la carne para que se desarrolle lo espiritual en nosotros.
DECLARACION: Renuncio a mis egoístas e individualistas deseo para mantenerme fiel a Cristo.
Oración: Amado y magnifico Dios, sea tu nombre exaltado por todo ser viviente en esta tierra porque solo tú eres digno de adoración y gloria. Te doy gracias porque diste a tu primogénito para que cruelmente muriera por mí. Ayúdame a serte fiel en todo tiempo sin importar que sufra afrentas por mantenerme firme creyendo en ti. Te lo pido en tu santo nombre Jesús. Amen.
Por: Mildred Natera
