La fidelidad de Cristo no depende de nuestras
circunstancias. Las circunstancias cambian,
las emociones fluctúan y los planes pueden
alterarse, pero el amor y la fidelidad de Cristo
permanecen inmutables. Él es la roca firme
sobre la cual podemos descansar.
Jesucristo es el mismo ayer,
hoy y por los siglos.
Hebreos 13:8
