
Veo que muchos hoy en día quieren sobresalir pisoteando a los demás, pero Dios te quiere siendo diferente, es decir, siendo humilde.
Y ser humilde es verse a uno mismo correctamente ante Dios y los demás, sin engrandecerse ni menospreciarse.
En la Biblia, en la carta a los filipenses, capítulo 2, verso 3, dice así: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos” (NTV)
La humildad te libera de la necesidad de demostrar tu valor y te habilita para conectarte con los demás.
Por ejemplo, puedes empezar hoy a escuchar el doble de lo que hablas; cuando preguntes, hazlo con calma y sin querer impresionar, pero además resístete al impulso de corregir a los demás.
Podrías también hacer una breve reflexión de lo que fue tu día cada noche; identifica pensamientos de soberbia y pide a Dios que te dé la sabiduría y el poder para cambiarlo por amor sincero.
También puedes decidir servir sin buscar aplausos, admitir errores sin sentir vergüenza y escuchar sin ponerte a la defensiva.
Pero cuando recibas elogios, redirige ese reconocimiento hacia Dios o hacia los demás.
Te recuerda que el mayor poder de Jesús estaba en que era totalmente humilde y digno de seguir su ejemplo.
Que tu modestia enaltezca a Cristo, no a ti, porque así la Gracia de Dios se manifestará.
Oremos: “Amado Señor, enséñame a vivir en humildad; elimina toda soberbia y aumenta mi capacidad para servir y recibir la corrección con paciencia y amor. Quiero parecerme más a ti y menos a mí, esto lo oro en el nombre de Jesús. Amén” .
Versículo: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos” Filipenses 2:3 (NTV)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
