Es posible sentirse un poco frustrado(a) cuando se quiere comunicar con alguien y no puede hacerlo correctamente. Quizás sus palabras no fueron las adecuadas o el tono en el que habló no fue el correcto; tal vez hizo su mejor esfuerzo por darse a entender, pero no logra que la otra persona le entienda…
Esto también nos sucede con nuestras oraciones; quizás hay frustración, dudas o temores; hasta se puede llegar a pensar de que Dios no te escucha o que, si lo hace, no te responde.
Surgen entonces las preguntas, ¿Por qué Dios me permite vivir estas experiencias?, ¿Por qué no pasa nada cuando oro? ¿Será que no me escucha?, ¿Tal vez no soy digno(a) de ser escuchado(a)?
¿Te estás sintiendo así en este tiempo? ¿Conoces a alguien pasando por dificultades y quisieras ayudarle?, si la respuesta es sí, este mensaje es para ti.
Lo primero que quiero compartirte es que no debes sentirte culpable por hacerte esas preguntas, es precisamente por eso que buscamos a Dios, si las cosas las pudiéramos resolver nosotros mismos no necesitaríamos del Señor… pero la realidad es que sí pedimos por cosas que no podemos nosotros atender o solucionar.
Hoy quiero que tengas claridad sobre esto: “Dios nunca abandona a sus hijos”.
Sigue firme confiando, esperando y actuando, no dejes de orar, se obediente a Su Palabra, nunca te rindas. En la Biblia hay muchos hombres y mujeres que no se rindieron siguieron orando y esperando hasta el final, tal es el caso de David, quien cantaba y escribía Salmos en los que expresaba su confianza, o Abraham que fue capaz de continuar la ruta al “lugar que Dios le iba a mostrar” sin saber exactamente para dónde iba; o también es el caso del Apóstol Pablo quien estuvo preso muchas veces, pero a pesar de todo confió en el Señor siempre. Cuando puedes “ver” lo que Dios ha hecho en el pasado con estas personas, este ejemplo, estos testimonios deberán ser la fuente de fortaleza para que tu fe no se caiga. Tus oraciones sí las ha escuchado Dios y Él si las va a contestar… es cuestión esperar en la voluntad perfecta de Dios y en el tiempo correcto para recibir la respuesta celestial.
Oremos: “Señor, que mis palabras, deseos y peticiones sean para ti especiales, sé que me escuchas, enséñame a orar y pedir como tú quieres que lo haga… hoy decido confiar, seguir esperando sabiendo que me escuchas y que me responderás, lo creo y declaro en el nombre de Jesús, Amen”
Versículo: “A los que me aman, les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer”. Proverbios 8:17 (NVI)
Buen Día
Juan C Quintero
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