
Recuerdo como si fuera hoy el día del nacimiento de mis tres hijos, en esos días la “espera paciente” no fue mi mayor atributo. Reflexionando me doy cuenta que también he tenido otros días de impaciencia como por ejemplo cuando estoy en las filas para esperar un turno, o en las largas colas de autos en un trancón en la autopista, o también en la fila para pagar en el supermercado sobre todo el día que llevamos pocas cosas y la fila delante tiene carritos llenos de productos… Es decir, no hay duda de que una de las cosas que menos me gusta es esperar en las filas. ¿Está usted identificado(a) conmigo?
Quizás estos afanes también los tengas con Dios, puede ser que hayas llevado algo ante El en oración y haber caído en la impaciencia; puesto que has creído que cuando haces una petición la respuesta de Dios debe ser instantánea. O quizás has llegado a pensar así: “Si Dios no ha respondido es porque simplemente la oración no funciona”.
Pero si algo nos enseña Dios es a saber esperar en Su respuesta sin desmayar, independientemente del resultado, porque el Señor es Soberano.
Así como hay un día para celebrar algo en particular, ya sea el día del padre, de la madre, de dar gracias, etc., podemos decir que para muchos el “día de la impaciencia” es todos los días de su vida.
Cuando alguien es impaciente le hace la vida difícil a todos los que están a su alrededor, crean un ambiente de angustia y desesperación. Su oración es algo como esto: “¡Señor, dame paciencia, pero dámela ya!”
La verdadera paciencia es una virtud difícil de practicar por causa de nuestro egoísmo y del miedo que produce la incertidumbre, pero el Señor nos invita a confiar en Él, a esperar sin desesperar. La paciencia se edifica con la ayuda del Espíritu Santo, primero, debes tener el deseo genuino y real de ser paciente, deseo que debe activarse a través de la oración diaria y segundo no permitir que las pequeñas situaciones cotidianas destruyan tu paz.
La oración si funciona y la fe en el Señor no es en vano.
Oremos: “Señor, reconozco que soy impaciente, quiero aprender de ti, recibir de tu Santo Espíritu el poder para no desestabilizarme cuando las cosas no salen como yo deseo. Te entrego todo egoísmo y orgullo que me llevan a perder la calma, lo pido en el nombre de Jesús, Amen”
Versículo: “Mejor es ser paciente que poderoso; más vale tener control propio que conquistar una ciudad” Proverbios 16:32 (NTV)
Buen Día
Juan C Quintero
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