
En la medida en que nos vamos haciendo mayores vamos perdiendo el poder de asombrarnos con las cosas simples o con la naturaleza, incluso experimentar momentos de asombro se vuelve algo muy raro.
La realidad es que la rutina diaria puede robarnos el asombro, dedicamos demasiado tiempo a las mismas cosas agendadas que es como si “escondiéramos la cabeza”; puede ser que incluso al interactuar con personas conocidas experimentemos poca emoción o alegría.
Esto es, dicho de otra forma, que, con el paso del tiempo, se deja de ser curioso; de probar cosas nuevas; los sentidos se acostumbran a lo rutinario e incluso la fe puede menguar al punto que la persona se siente aburrida solamente con asistir a la iglesia para congregarse.
Pero, esto no debe ser así, porque incluso nuestro Señor, Jesucristo nos anima a vivir con la fe de un niño. Él les dijo a sus discípulos lo siguiente en el evangelio de Marcos, capítulo 10, verso 15, “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (RVR60).
Los niños son inocentes, no tienen malicia para actuar, lo que ven les llama la atención, no están centrados en actividades rutinarias, porque cada día viven sintiendo la expectativa de lo nuevo que van a descubrir.
Que este mensaje de hoy sea para ti un recordatorio de que necesitas vivir y experimentar la vida con la fe como de un niño.
Así, podrás prestarle más atención a las maravillas que te rodean; se te despertara la curiosidad por ahondar en el conocimiento de las personas que están a tu alrededor.
Pero, lo más importante es que tu fe se va a renovar, podrás buscar intencionalmente momentos de intimidad con el Señor, pero también podrás observar y disfrutar de las maravillas de la creación de Dios.
Darás gracias por los grandes y pequeños milagros que te ocurren a diario sin que los consideres como algo que ya está garantizado.
Esta fe renovada te servirá también para que motives a otros a cambiar sus rutinarias vidas y poder apreciar, disfrutar y compartir de todo lo que Dios ha dispuesto para nosotros.
Oremos, “Amado Señor, gracias por mostrarme que necesito tener una fe como la de un niño, que pueda apreciar y asombrarme cada vez que un milagro, pequeño o grande ocurra en mi o en alguien más, dame la fortaleza para no caer en rutinas agobiantes que me alejen de ti y de me causen enfriamiento espiritual, lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Marcos 10:15 (RVR60).
Buen Dia
Juan C Quintero
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