RECONSTRUIR, RESTAURAR Y RENOVAR
Énfasis en la labor misionera mundial
Pastor Jorge L. Cintrón
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. Isaías 61:1-4
Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 11 de octubre de 2026 – 10:15 am
INTRODUCCIÓN
Cuando observamos las condiciones del mundo en que vivimos, encontramos personas que necesitan escuchar el mensaje de salvación, familias que necesitan experimentar la restauración de Dios y comunidades que necesitan esperanza para continuar adelante.
En muchos lugares hay personas que viven sin conocer a Jesucristo como su Salvador y Señor.
Hay com
unidades que enfrentan pobreza, sufrimiento, violencia, enfermedades y otras situaciones que afectan profundamente la dignidad y la esperanza de sus habitantes.
Ante esas realidades, la iglesia no puede permanecer indiferente, porque hemos recibido el evangelio y también la responsabilidad de compartirlo con otros.
Nuestra Iglesia a través de nuestra denominación American Baptist Churches y la Agencia Misionera Siembra participamos en la labor misionera compartiendo el evangelio y sirviendo a las personas en diferentes partes del mundo.
La Ofrenda Misionera que comenzamos a promover hoy y que recogeremos el próximo domingo, es una oportunidad para que cada uno de nosotros participe en esa labor, contribuyendo al sostenimiento de los ministerios misioneros.
El énfasis temático de este esfuerzo misionero este año es: «Reconstruir, Restaurar y Renovar», inspirado en Isaías 61:1-4. No estamos hablando solamente de recoger una ofrenda, sino de comprender lo que Dios está haciendo en el mundo y de decidir cómo participaremos en su obra. En Isaías 61:1-4 encontramos un mensaje de esperanza que anuncia la intervención de Dios en favor de quienes sufren y la restauración de lugares que habían quedado en ruinas. El pasaje comienza anunciando la obra del Espíritu de Dios y la misión de proclamar buenas nuevas a los necesitados. Continúa presentando la consolación, la libertad y la restauración que Dios ofrece. Finalmente, anuncia que las ruinas antiguas serán reedificadas y los lugares destruidos serán restaurados.
Dios nos llama a participar en su obra de reconstrucción, restauración y renovación, llevando el mensaje del evangelio y sosteniendo la labor misionera que alcanza vidas y comunidades alrededor del mundo.
DIOS NOS LLAMA A RECONSTRUIR DONDE HAY RUINAS.
La misión de Dios nos lleva a reconocer las realidades de un mundo que necesita esperanza.
El profeta anuncia que serán reedificadas las ruinas antiguas y restaurados los lugares que habían quedado desolados.Las ruinas representan, en el contexto del pasaje, lugares y comunidades que necesitan experimentar la restauración de Dios. En nuestro tiempo también encontramos personas cuyas vidas están marcadas por el sufrimiento, la desesperanza, la ausencia de dirección espiritual y las consecuencias del pecado.
El evangelio anuncia que Dios puede transformar la vida de las personas. La misión cristiana comienza con el mensaje de Jesucristo, quien murió y resucitó para ofrecernos perdón y reconciliación con Dios. La iglesia no puede reconstruir espiritualmente una vida mediante sus propios recursos, pero puede anunciar fielmente a Jesucristo, en quien encontramos salvación y esperanza. Por eso, la labor misionera no consiste solamente en trasladarse a otro país, sino en llevar el evangelio a quienes todavía necesitan escucharlo, dondequiera que se encuentren.
Nuestra participación puede contribuir a que ese mensaje llegue a lugares donde todavía hay grandes necesidades. Los misioneros necesitan apoyo para desarrollar la labor a la cual Dios los ha llamado. La oración sostiene espiritualmente a quienes sirven, mientras que las ofrendas contribuyen al sostenimiento de la labor misionera. Cuando una iglesia participa responsablemente en las misiones, puede ayudar a que el evangelio llegue a personas y comunidades que necesitan conocer a Cristo.
No todos podemos ir personalmente a cada lugar donde se necesita el evangelio, pero todos podemos participar. Podemos orar, servir y dar para que otros también tengan la oportunidad de escuchar las buenas nuevas de Jesucristo.
DIOS NOS LLAMA A RESTAURAR LO QUE HA SIDO QUEBRANTADO.
Isaías presenta una misión que atiende las necesidades profundas de las personas. En el versículo 1 se anuncia la proclamación de buenas nuevas a los abatidos y la libertad para los cautivos. En el versículo 2 se presenta el consuelo para quienes están de duelo. En el versículo 3 se describe el intercambio de ceniza por gloria, de luto por gozo y de espíritu angustiado por alabanza.
Estos versículos nos permiten comprender que el mensaje de Dios ofrece esperanza a quienes sufren. La proclamación del evangelio anuncia el perdón de los pecados y la reconciliación con Dios por medio de Jesucristo. El ministerio cristiano también procura acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles, servir al prójimo y mostrar el amor de Dios mediante acciones concretas. La restauración no significa que todos los problemas desaparezcan inmediatamente, sino que Dios ofrece su presencia, su gracia y su esperanza, aun en medio del sufrimiento.
La labor misionera mundial procura compartir el evangelio y servir a las personas en sus contextos particulares. Los misioneros trabajan en diferentes realidades culturales y sociales, procurando comunicar el mensaje de Cristo de manera pertinente y fiel. La Ofrenda Misionera permite que las iglesias participen en el sostenimiento de esa labor colectiva. Por eso, cuando ofrendamos para misiones, no debemos pensar únicamente en una cantidad de dinero, sino en la oportunidad de contribuir a una obra que busca alcanzar vidas con el evangelio y servir a las personas en el nombre de Cristo.
Preguntémonos qué significa para nosotros que haya personas en otras partes del mundo que todavía necesitan conocer a Jesucristo.
Si creemos que el evangelio es una buena noticia para nuestra vida, también debemos desear que otros tengan la oportunidad de recibirlo.
DIOS NOS LLAMA A RENOVAR LA ESPERANZA.
El pasaje anuncia una transformación que se hace visible en la vida de quienes reciben la obra restauradora de Dios. Isaías 61:3 presenta la imagen de quienes dejan atrás las cenizas y el espíritu angustiado para recibir señales de gozo y alabanza. El versículo 4 anuncia la reedificación de las ruinas antiguas y la restauración de lugares destruidos. La obra de Dios no se limita a atender una necesidad inmediata; también anuncia esperanza para el futuro y la posibilidad de una vida transformada.
La misión cristiana procura que esa esperanza sea conocida más allá de las fronteras de nuestra comunidad. Jesucristo envió a sus discípulos a anunciar el evangelio, hacer discípulos y dar testimonio de su obra. La iglesia local forma parte de esa misión, aunque no todos sus miembros sean llamados a servir en otro país. Nuestra responsabilidad es mantener una visión que vaya más allá de nuestras necesidades inmediatas y reconocer que Dios también está obrando en otros pueblos, culturas y naciones.
La renovación de la esperanza requiere una iglesia dispuesta a participar. Necesitamos orar por quienes sirven en la obra misionera y por las personas a quienes procuran alcanzar. Necesitamos cultivar una disposición generosa, reconociendo que nuestros recursos también pueden ponerse al servicio del evangelio. Necesitamos recordar que la misión no pertenece exclusivamente a quienes viajan, sino que involucra a toda la iglesia que responde al llamado de Cristo.
La pregunta no es solamente si podemos visitar otros países, sino si estamos dispuestos a participar en lo que Dios hace allí.
Nuestra oración, nuestro compromiso y nuestra generosidad pueden formar parte de esa respuesta.
NUESTRA RESPUESTA DEBE SER PARTICIPAR FIELMENTE EN LA MISIÓN DE DIOS.
La Ofrenda Misionera es una oportunidad concreta para expresar nuestro compromiso. No ofrendamos para comprar el favor de Dios ni para sustituir nuestra obediencia a su Palabra. Ofrendamos como una expresión de gratitud, amor y disposición para contribuir a la obra misionera. La cantidad que cada persona pueda aportar será diferente, pero cada cual puede considerar en oración cómo participar de acuerdo con sus posibilidades y convicciones.
Nuestro compromiso con las misiones debe incluir más que una contribución económica. Debemos orar por los misioneros, sus familias, sus colaboradores y las comunidades en las que sirven. Debemos interesarnos por conocer la labor misionera y comprender los desafíos que enfrentan quienes anuncian el evangelio en otros lugares.Debemos apoyar fielmente la obra misionera y continuar siendo testigos de Jesucristo en nuestra propia comunidad.
Hoy tenemos la oportunidad de responder al énfasis de la campaña «Reconstruir, Restaurar y Renovar». Podemos contribuir a que el evangelio alcance lugares donde hay personas que necesitan conocer a Cristo. Podemos apoyar ministerios que procuran llevar esperanza y servir a comunidades que enfrentan diversas necesidades. Podemos demostrar que nuestra visión cristiana no termina en las paredes de nuestro templo, sino que reconoce el llamado de Dios a alcanzar al mundo con el evangelio.
CONCLUSIÓN
Isaías 61:1-4 nos presenta una visión de la obra de Dios: anunciar buenas nuevas, ofrecer esperanza y proclamar restauración.
El énfasis de la campaña misionera nos invita a considerar cómo podemos participar en esa obra.
Reconstruir, restaurar y renovar no son solamente tres palabras para identificar una campaña; nos recuerdan que hay personas y comunidades que necesitan experimentar el amor de Dios y escuchar el mensaje de Jesucristo.
La misión continúa y nosotros tenemos el privilegio de participar en ella.
Hoy debemos responder a esta pregunta: ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que otras personas también conozcan a Jesucristo?
Algunos podrán servir directamente en ministerios misioneros; otros podrán sostener esa labor mediante sus oraciones y ofrendas.
Todos podemos cultivar una visión misionera y reconocer que el evangelio que hemos recibido también debe llegar a otros.
Al considerar la Ofrenda Misionera, oremos y decidamos delante de Dios cómo podemos contribuir con generosidad y fidelidad, sin compararnos con los demás y sin dar por presión.
Quiero terminar recordándonos que la misión no comienza ni termina con una ofrenda. La ofrenda es una de las maneras concretas en que podemos participar en la misión, pero nuestro compromiso con el evangelio debe continuar durante todo el año. Dios nos ha permitido conocer la esperanza que encontramos en Jesucristo; ahora tenemos el privilegio de contribuir a que esa esperanza sea anunciada a otros. Que nuestra oración sea: «Señor, gracias por el evangelio que llegó a mi vida. Muéstrame cómo puedo participar para que otros también tengan la oportunidad de conocerte».
Que como iglesia podamos decir que estamos dispuestos a participar en la obra de Dios para reconstruir donde hay ruinas, restaurar lo que ha sido quebrantado y renovar la esperanza mediante el evangelio de Jesucristo.

