
Es muy fácil caer en el plan de juzgar a los demás.
Se hace juicios por su manera de vestir, o por su forma de hablar, tal vez por lo que tiene o por lo que le falta.
También en otros casos es por su nivel sociocultural.
Pero cualquier juicio que hacemos carece de sentido si no conocemos bien a esa persona, y el único que conocer totalmente a alguien es Dios.
Nuestro Señor conoce las intenciones del corazón, y las motivaciones de los actos.
En la Biblia en el evangelio de Mateo capítulo 7, verso 1, Jesús dijo, “No juzguen a los demás, y no serán juzgados”. (NTV)
Al hacer juicios y establecer opiniones sobre los demás le colocamos un “peso” a la relación con esa persona.
Por ejemplo, si alguien ha cometido una falta, cualquiera que sea, fácilmente se le juzga y se le sigue acusando como si no se pudiera restituir.
O por el contrario, si a esa persona la catalogamos como “santa” entonces no se podrá aceptar que en algún momento se equivoque.
Pero la realidad es que el pecador tiene derecho a ser restaurado y que se conviva con esa persona sin hacerle juicios y el que consideramos como un ser perfecto se puede equivocar y eso no le quita el hecho de que pueda ser también restaurado.
Lo que Jesús propone es que nos evaluemos mejor a nosotros mismos para que podamos ver la viga en nuestros ojos antes que la paja en el ojo de los demás.
Oremos “Amado Señor, hoy reconozco que he hecho juicios apresurados sobre las personas y que por lo tanto me he hecho una imagen distorsionada de el o de ella. Libro a cada persona que yo conozca de los juicios que he establecido sobre ellos y te pido que me ayudes a evaluarme a mismo(a) por mis propios errores, lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo: Mateo 7:1 “No juzguen a los demás, y no serán juzgados”. (NTV)
Buen Dia
Juan C Quintero
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