Este se enojó de tal manera que mandó a sus soldados que arrojaran sus saetas contra Júpiter porque les había dado aquel mal tiempo; los soldados lo hicieron, pero ocurrió que, como las saetas no podían llegar al cielo, cayeron sobre las cabezas de los que estaban reunidos, hiriendo a muchos de ellos.
Asi nuestras quejas y murmuraciones son como saetas que arrojamos contra Dios pero vuelven contra nosotros mismos e hieren corazones. No le alcanzan a El, pero nos dañan a nosotros mismos; por lo tanto, es mejor callar que murmurar; es peligroso contender con Aquel que es fuego consumidor (Heb. 12:29). – Thomas Brooks.
Salmos 34:13 Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.
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