
Comúnmente usamos esta pregunta “¿Cómo estás?”; y aunque es una pregunta simple, realmente la podemos tomar relacionar de muchas maneras diferentes.
Por ejemplo, cuando estás conversando con un empleado en el supermercado, usamos la pregunta “¿Cómo estás?”, pero en realidad es como si dijéramos “hola”.
Pero, si tu médico te hace esa pregunta, se espera que proporciones una actualización sobre tu estado de salud; al igual que cuando nos reunimos con un amigo para tomar un café, es probable que esta pregunta haga referencia a saber qué ha pasado desde la última vez que se vieron.
Ahora, ¿alguna vez alguien te ha hecho esta pregunta en relación con tu vida espiritual?; “¿Cómo te va espiritualmente ?”. Y creo honestamente que todos debemos hacernos esta pregunta con frecuencia.
Al hacérnosla podremos empezar a hacer cambios en nuestra rutina diaria para darle espacio a Dios, o si tu relación con el Señor es fuerte entonces puedes plantearte la posibilidad de empezar a compartir el evangelio con los demás.
Pero también es la oportunidad para que, al responder sinceramente la pregunta sobre como esta tu vida espiritual, puedas decidir deshacerte de lo que no sirve o lo que no te edifica.
En la Biblia, en la primera carta de Pedro, capítulo 2, versos 1 al 2, dice así, “Por lo tanto, desechen toda clase de maldad, todo engaño e hipocresía, envidias y toda clase de calumnia. Busquen, como los niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por medio de ella crezcan y sean salvos” (RVC)
Así que hoy pregúntate ¿Cómo estoy en mi vida espiritual?, y al responder decide tomar acciones para crecer en tu relación con el Señor.
Oremos “Amado Señor, hoy me pregunto sobre el estado de mi relación contigo y decido responder sinceramente con el propósito de hacer los ajustes necesarios para vivir como Tu me pides, solo oro hoy para que me traigas revelación y entendimiento sobre el como puedo acercarme mas a ti, lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo, “Por lo tanto, desechen toda clase de maldad, todo engaño e hipocresía, envidias y toda clase de calumnia. Busquen, como los niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por medio de ella crezcan y sean salvos” 1 Pedro 2:1-2 (RVC)
