La Esperanza que Anuncia la Navidad
Pastor, Jorge L. Cintrón Calzada
Mensaje para ser predicado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el
3 de diciembre de 2023, 10:15am
Texto Bíblico: Isaías 9:6
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
Hoy comienza dentro del calendario litúrgico de la iglesia la temporada de Adviento. Adviento es un tiempo de preparación para el día de Navidad. La temporada de Adviento está marcada por los 4 domingos anteriores al Día de Navidad. Algunas iglesias han incorporado la tradición de marcar esos domingos con el encendido de unas velas.
Hay diferentes tradiciones eclesiásticas
Nosotros marcamos este domingo con lo que llamamos la VELA DE LA PROFECÍA. Los otros domingos los marcamos con las VELA DE BELÉN, VELA DE LOS PASTORES, VELA DE LOS ÁNGELES.
La Biblia presenta el nacimiento de Jesús como un cumplimiento profético
El profeta Isaías profetiza sobre una promesa que se cumplirá en el nacimiento de Jesús: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”. (Isaías 9:6,7)
Esa promesa de esperanza la puntualiza a cuatro títulos con los cuales presenta al niño que anuncia: Consejero Admirable, Dios Fuerte, Padre Eterno y Príncipe de Paz
Adviento, es un período de anticipación y preparación para celebrar el nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo.
Navidad es algo más allá que la celebración del nacimiento de un hermoso niño.
Ese niño va a crecer y a convertirse en un hombre. Las maderas de su pesebre se transformarán en una cruz que 33 años después sostendrán su cuerpo
Navidad es la celebración de una esperanza que trasciende el bullicio de unas festividades y que deben llegar al corazón de nuestra fe.
Esos cuatro títulos que utiliza Isaías para el niño que nace revelan la naturaleza y el propósito del Mesías.
En medio de nuestras vidas cotidianas, a menudo llenas de desafíos y preguntas, esta promesa nos debe brindar esperanza.
El niño que nace es el Consejero Admirable:
Jesús viene como el Consejero perfecto, aquel que nos guía con sabiduría divina. en medio de nuestras decisiones y confusiones, Él es la luz que ilumina nuestro camino. Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12)
El niño que nace es el Dios Fuerte:
En un mundo lleno de debilidades, temores y luchas, Jesús se nos presenta como el Dios Fuerte. Su fortaleza nos sostiene en nuestras dificultades, recordándonos que no estamos solos. “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33). “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28:20)
El niño que nace es el Padre Eterno:
La Navidad revela el corazón de Dios como un Padre amoroso que envía a Su Hijo para redimirnos.
Jesús nos conecta con la ternura y la compasión de nuestro Padre celestial. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)
El niño que nace es Príncipe de Paz:
En un mundo fragmentado, Jesús es el Príncipe de la Paz. Su venida trae reconciliación y restauración a nuestras vidas y relaciones. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. (Juan 14:27)
Así como Israel esperó con anticipación la llegada del Mesías, nosotros también esperamos con alegría y expectación la celebración del nacimiento de nuestro Salvador. En esta temporada de Adviento, reflexionemos sobre la esperanza que encontramos en Cristo y compartamos esa esperanza con aquellos que nos rodean.
Al prepararnos para la Navidad, recordemos que la verdadera alegría no se encuentra en las luces brillantes ni en los regalos costosos, sino en la presencia de Jesús en nuestras vidas.
Que este Adviento sea un tiempo de renovación espiritual, preparando nuestros corazones para recibir al Salvador con gratitud y adoración. Seamos portadores de esperanza en medio de un mundo que anhela la luz de Cristo. Que nuestras vidas reflejen la realidad de que “nos ha nacido un niño” que trae consigo la promesa de un nuevo comienzo y la garantía de la vida eterna.

