Nuestras palabras son semillas plantadas en la vida de
otras personas. Debemos ser personas que hablemos
positivamente, que hablemos la palabra de Dios en toda
situación y que hablemos palabras de vida.
Cuando hablamos indebidamente se disminuye
nuestra capacidad de ver y oír la voluntad de
Dios en nuestra vida.
Haced todo sin murmuraciones ni discusiones, para que
seáis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin mancha
en medio de una generación maligna y perversa, en
medio de la cual resplandecéis como
lumbreras en el mundo.
Filipenses 2:14-15
