
Es importante revisar cada triunfo y cada derrota en perspectiva. Porque de todo lo que nos pasa se aprende.
Si revisamos en la Biblia, por ejemplo, en el Nuevo Testamento con el Apóstol Pablo, él no tuvo exactamente “éxito” cada vez que intentó hacer algo para el Señor. De hecho, en algunos casos fue golpeado, apedreado y encarcelado; dando a entender que estaba perdiendo las batallas.
Sin embargo, aunque en lo natural pudo haber fallado, tuvo éxito realmente porque actuó agradando al Señor, es decir que, tuvo éxito porque buscó e hizo la voluntad del Señor.
Podemos decir que, aunque ¡Perdió muchas batallas, al final ganó la guerra!
Pablo escribió en Gálatas 1:10, lo siguiente “¿Busco acaso el favor de la gente, o el favor de Dios? ¿O trato acaso de agradar a la gente? ¡Si todavía buscara yo agradar a la gente, no sería siervo de Cristo!”. (RVC)
Te pregunto, ¿cuál es tu medida de éxito? ¿Son números? ¿Es progreso, notoriedad, comodidad o admiración?
La realidad es que ninguno de estos atributos son la verdadera medida bíblica del éxito. Todos ellos son buenos resultados si Dios nos los da, pero la motivación de nuestra vida debe ser, en última instancia, una sola cosa: complacer al Señor Jesús.
Todo aquel que quiera tener “éxito a la manera de Dios”, deberá esforzarse cada día por agradar al Señor en todo lo que hace.
Oremos “Amado Señor, hoy comprendo el verdadero significado del éxito y del triunfo bíblico, por lo tanto, decido tener éxito complaciéndote. Te pido que me ayudes a mantener esa meta en mi corazón, en todo lo que hago, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo, “¿Busco acaso el favor de la gente, o el favor de Dios? ¿O trato acaso de agradar a la gente? ¡Si todavía buscara yo agradar a la gente, no sería siervo de Cristo!”. Gálatas 1:10 (RVC)
Buen Dia
Juan C Quintero
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