El Dios que me acompaña
Pastor Jorge L Cintrón
“He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fuere,” Génesis 28:15a
Los tres hombres que pueden haber tenido el mayor impacto en el cristianismo occidental en los siglos XVIII y XIX fueron: Juan Wesley, Charles Finney y D. L. Moody.
Juan Wesley se considera el padre del gran despertar espiritual que sacudió Inglaterra y América. Era un hombre que buscaba mantener el resplandor de Dios en su vida brillando con un blanco tan intenso que otros pudieran reconocerlo y quisieran buscar el mismo poder transformado.
Charles Finney fue un abogado que se convirtió drásticamente al cristianismo e inmediatamente comenzó a predicar en pequeñas ciudades del interior de Nueva York. Finney y sus asociados pasaban horas rogando fervientemente a Dios que manifestara poderosamente su presencia.
D. L. Moody: comenzó una gran iglesia, una maravillosa universidad y se dice que llevó a millones de alma a los pies de Jesucristo. Temprano en su ministerio un amigo lo describió en este periodo de su vida como “una persona muy dinámica; tenía un deseo tremendo de hacer algo, pero no tenía un poder real. Trabajaba mucho en la energía de la carne”. Durante un viaje a Inglaterra, el corazón de Moody se encendió con la idea de alcanzar de algún modo a más gente para Cristo de la que había alcanzado; sin embargo él no estaba a la altura de la tarea. Así que comenzó a luchar con el Señor en oración. Poco después, Dios le permitió a Moody tener un impacto global y multiplicó increíblemente los resultados de sus esfuerzos. La única explicación fue la presencia manifiesta de Dios.
Wesley buscó la presencia de Dios y esto marcó su vida y ministerio
Finney y sus compañeros lucharon con Dios para buscar la manifestación de su presencia
Moody deseo de manera profunda y apasionada que la presencia de Dios consumiera su vida.
El patriarca Jacob fue marcado por la presencia de Dios en su vida en Bet-el. Luego de haber tenido un sueño revelador mientras huía de su hermano Esaú para Harán, la tierra de su madre, exclamó: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”. (Génesis 28: 16) El vio en su sueño “una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella.” Él escuchó en ese sueño a Dios decirle: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”.
El patriarca Jacob llegó a Bet-el como un usurpador, que eso significa su nombre. Había tratado de nacer primero que su hermano gemelo Esaú. Se había aprovechado de la necesidad de Esaú para comprarle la primogenitura. Había engañado a su padre para apropiarse de la bendición patriarcal. Más salió de Bet-el con la promesa de Dios de que lo acompañaría.
Jacob estuvo alrededor de veinte (20) años en Harán. Su estancia en Harán lo llevó a tener que enfrentar varias situaciones con Labán quien se convertiría en su suegro. Trabajó siete (7) años por Raquel para que Labán se la diera por mujer y este lo engañó dándole a Lea por esposa. Finalmente Labán le dio a Raquel por esposa pero tuvo que trabajar otros siete (7) años por ella. Posteriormente tuvo que trabajar más años para poder salir de Harán y regresar a la tierra de sus padres. Al ir a salir de Harán a٤n en medio de esos conflictos Labán expresó: “Halle yo ahora gracia en tus ojos, y quédate; he experimentado que Jehová me ha bendecido por tu causa”. (Génesis 30:27) El Dios que le había dicho en Bet-el que la acompañaría y lo guardaría lo prosperó en Harán. “Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.” (Génesis30:43)
Ese Dios que le había estado acompañando a los veinte (20) años se le apareció en sueños y le dijo:
“Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo.” (Génesis 31:3)
“Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.” (Génesis 31:13)
Al regresar Jacob a la tierra de su nacimiento lo hizo con temor.
Él sabía que tendría que enfrentarse con Esaú. Él se había provechado de su necesidad para arrebatarle la primogenitura. Le había robado la bendición patriarcal.
El Dios que lo había estado acompañando tenía algo más para Jacob.
Se le apareció en Peniel
Durante toda la noche Jacob estuvo luchando con un varón de Dios y no lo dejó ir hasta que no lo bendijo.
Jacob luego de esa experiencia dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”. (Génesis 32:30)
La identidad de Jacob le fue cambiada en Peniel.
Llegó siendo un USURPADOR -Jacob- y salió siendo EL QUE HA LUCHADO CON DIOS Y LOS HOMBRES -Israel-
José fue el instrumento de Dios para preservar a su pueblo en Egipto. Llegó a Egipto como esclavo. Finalizó sus días como el segundo en autoridad en Egipto. En más de una ocasión se señala en su historia que la presencia de Dios era con él.
Moisés fue el libertador de Israel de la esclavitud en Egipto. Cuarenta años, más o menos, antes de que Moisés libertara a Israel de la opresión egipcia los había intentado liberar por su propia fuerza y fracasó miserablemente en el intento. Tuvo que huir de Egipto. Moisés necesitaba la presencia de Dios. La encontró en el desierto mientras pastoreaba las ovejas de su suegro Jetro. Moisés al final tuvo éxito porque la presencia de Dios estaba con él.
Las personas, hoy por hoy, necesitan tener muy en claro que para que sus vidas sean unas abundante Dios tiene que estar en sus vidas acompañándoles.
Las últimas palabras de Jesús antes de ascender al cielo a sus discípulos según el evangelista Mateo fueron: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
Dios se hace presente en una vida cuando una persona invita públicamente a Jesús a ser el Salvador de su vida.
Reacciona a El Dios que me acompaña que será presentado el domingo 15 de mayo de 2022 a las 10:15am en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey.

