
En la naturaleza la calidad de la tierra determina la calidad de lo que está sembrado, pero también la profundidad de dicha tierra permitirá un sólido crecimiento.
Condición y profundidad de la tierra harán de un árbol sembrado en esta tierra un gran árbol fuerte y frondoso o uno débil y sin fruto.
En la vida es igual, si las personas son tierra fértil para que la Palabra de Dios penetre en su interior y si el corazón está dispuesto para recibirla, meditar en ella y ponerla en práctica, entonces habrá un excelente terreno para que la persona de fruto espiritual abundante, para crecer en las cosas de Dios y para estar firme ante cualquier tormenta que llegue.
Es claro que todos en la tierra experimentaremos cosas que llegaran en nuestra contra, ya sea un problema de salud, una situación laboral o financiera, una dificultad con los hijos o con los padres, una traición de un amigo, etc.
Esto es parte de la vida, de las condiciones de nuestra existencia terrenal, pero si el cristiano ha echado fuertes profundas raíces en su fe en el Señor, entonces las “tormentas de la vida” no los derrotarán, ni los destruirán, porque su fe es fuerte y tienen total confianza en el Señor.
En la Biblia en el evangelio de Mateo, capitulo 13, verso 23, Jesús explica a sus discípulos sobre quien es una persona que tiene un corazón que se convierte en buena tierra para que la Palabra de Dios sea sembrada y pueda producir resultados maravillosos, y dice así, “Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Este sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al ciento por uno”. (NVI)
Lo que va a determinar si te haces fuerte o no y que darás fruto de fe y buenas obras es tu corazón, en el cual se sembrará la poderosa semilla de la Palabra de Dios, la cual podrá echar raíces fuertes que soportarán cualquier embate de la vida.
Pero quien no ha permitido que la Palabra sea arraigad en su vida, va a vivir en amargura, queja, temor, se van a ofender fácilmente y darán escaso fruto.
Abre tu corazón para recibir la Palabra de Dios, permite que esta sea afirmada en ti porque de esta forma estarás fortalecido(a) ante la vida y podrás dar el fruto espiritual que estoy seguro quieres dar.
Oremos “Amado Señor, gracias por enseñarme a recibir Tu Palabra, por mostrarme que debo ser terreno fértil para que la semilla de la fe se fortalezca en mi ser. Permitiré que en mi corazón crezcan las fuertes raíces de tus promesas, y de tus mandamientos para crecer y estar fuerte ante las tormentas de la vida, para predicar tu Palabra y para prepararme para la vida eterna, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo “Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Este sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al ciento por uno”. Mateo 13:23 (NVI)
Buen Dia
Juan C Quintero
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