el corazón dispuesto a obedecer la palabra de Dios.
Si la palabra de Dios solo resuena en nuestros oídos,
pero no toca nuestros corazones, eso debe encender la
“alarma” de nuestro estado espiritual. El cristiano
sincero anhela siempre estar en la presencia
Dios y conocer más de su palabra.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen
en vosotros, pedid todo lo que queréis,
y os será hecho.
Juan 15:7
