Mírate a ti mismo como Dios te mira. Aprópiate de lo que Dios ha determinado sobre ti. No permitas que el Adversario te diga cómo te ves. Mírate como Dios te ve. Para Dios eres linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. (Jorge L. Cintrón)

