Las convicciones y la fe van de la mano, con esto hago referencia a que “actuamos acorde con lo que creemos”. Hay una historia contada en la Biblia, en Marcos, capítulo cinco, en el que se cuenta la historia de una mujer que padecía una penosa enfermedad por doce años y que había visitado médicos y gastado todo el dinero, pero no mejoraba, sino que al contrario, empeoraba.
Ante los ojos de los médicos de ese entonces, no había ninguna esperanza y muy seguramente las personas que ella conocía afirmaban lo mismo, que no se iba a sanar.
Dicen las Escrituras que ella oyó que Jesús, quien había hecho muchos milagros, vendría a su pueblo. Y es en ese momento en que su fe y convicción se enfocaron en una sola dirección “en Jesús”. Muy seguramente ella pensó cosas como éstas, “llegó mi oportunidad”; “si Jesús sanó a otros, me sanara a mí”; “haré lo que sea para ir por mi milagro”.
Quiero que sepas que esta mujer tuvo que superar muchas cosas… las voces de los médicos y de los conocidos, sus propios temores e inseguridades, luego las multitudes que rodeaban a Jesús, e incluso a los discípulos del Señor que alejaban a las personas para que no atropellaran al Señor. Pero fue en esos momentos que le debió haber llegado el pensamiento más poderoso, “Si tan solo tocara el borde de su manto, seré sanada”; y decidió actuar acorde con su fe, empezó a movilizarse por medio de la multitud, avanzar y avanzar y avanzar… hasta lograr el cometido de recibir su milagro, es decir, que ella tomó la decisión de poner sus pensamientos en la dirección correcta, los puso en Jesús y así recibió la fuerza para ir por la meta… el milagro.
¿Qué te impulsa a vivir, a ir por un milagro o a alcanzar una nueva meta?; ¿tus deseos o la mirada enfocada en Jesús?. La mujer fue persistente y luchó por lo que necesitaba y eso mismo ocurrirá con aquella persona que decida creer y caminar en fe.
Hoy te dejo este mensaje, ¡no importando lo que estés enfrentando, nunca te des por vencido! Busca al Señor, contra todo pronóstico, contra todo lo que parezca imposible, tus convicciones y tus acciones de fe te llevarán al camino correcto, a buscar a Jesús.
Oremos: “Señor, hoy vengo a Ti con un corazón dispuesto y humilde. Decido hoy creer y afirmar mi convicción de que en Ti todo lo puedo, que eres Tu mi fuente de fortaleza, eres Tu Jesús mi milagro, creo en ti sin dudar, lo declaro en tu precioso nombre, Amen”
Versículo: “La mujer sabía que había sanado. Así que se acercó y se arrodilló a sus pies. Ella estaba temblando de miedo y le contó toda la verdad. 34 Luego, Jesús le dijo:—Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sin ninguna enfermedad.” Marcos 5:33-34 (PDT)
Buen Dia
Juan C Quintero
