Mucho de lo que decimos y hacemos surge de nuestro deseo de ser aceptadas por los demás. Luchamos por causar cierta impresión, por lucir lo mejor posible. En nuestras ansias porque nos consideren personas de éxito, podemos decidir exagerar, adornar o incluso mentir. Resulta difícil ser fieles a nosotras mismas cuando nos preocupa tanto la aceptación y las opinión de otros.
El consejo es que en lugar de dejarte llevar por el criterio de otros, esfuérzate en vivir tu vida solo para Dios y agradarle a Él, por encima de todos los demás. Dios conoce nuestro corazón, y percibe las cosas tal como son en realidad no podemos engañarlo, cuando nos permitimos ser genuinas delante de Él no importa lo que piensen otros.

La Biblia dice: No tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón. 1 Tesalonicenses 2:4
