El Señor mismo… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán… Luego… seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.
1 Tesalonicenses 4:16-17
El Espíritu y la Esposa dicen: Ven… Ciertamente vengo en breve.
Apocalipsis 22:17, 20
Mi marido regresaba a casa después de una larga ausencia, y fui a esperarlo a la estación con nuestros hijos. El tren llegó a la estación; desde el andén intentábamos ver con impaciencia a aquel a quien estábamos esperando y a quien tanto amábamos. Toda clase de personas desconocidas bajaron del tren. Teníamos los ojos abiertos de par en par para verlo tan pronto bajase. Al fin exclamamos: «¡Ahí está, es él!», y nos precipitamos alegres hacia el ausente que por fin volvía. ¡Ningún otro viajero de aquel tren nos interesaba, sino solo él, el único a quien conocíamos y amábamos!
Esta escena de encuentro en la estación a menudo me ha hecho pensar en el momento en que el Señor regrese a buscar a los suyos, después de su larga ausencia. Los creyentes van a sus ocupaciones cotidianas, pero esperan a su Señor, quien está ausente y a quien conocen y aman. Y cuando él aparezca en las nubes y llame a todos los suyos a su encuentro, resucitando primeramente a todos los creyentes que hayan muerto, el Espíritu Santo hará brotar del corazón de todos la exclamación de triunfo y de gozo. Entonces iremos a su encuentro en las nubes, no para encontrarnos ante un desconocido, sino ante nuestro Salvador y Señor, a quien aprendimos a conocer durante nuestra vida. ¡Esperémosle cada día y gocémonos en ello, pues su venida está cerca! Y mientras tanto, concentrémonos en conocerlo cada vez mejor.
Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16
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