
Es una realidad: “vivimos de afán”. Se quiere alcanzar todo ya: las respuestas a las inquietudes, el trabajo nuevo, el milagro, etc. Y lo más triste es que en la prisa se descuida a Dios.
La ansiedad empuja a muchos a querer controlar cada circunstancia, a forzar cada puerta y adelantarse al tiempo perfecto del Señor, para luego terminar cansados, frustrados y sin un resultado positivo.
En la Biblia, en el libro de Lamentaciones, capítulo 3, verso 25, dice: “Bueno es el Señor con quienes esperan en él, con todos los que lo buscan.” (NVI)
Debemos aprender de Jesús, quien esperó treinta años para luego realizar su ministerio en solo tres años. Durante este tiempo tuvo un trabajo humilde en el taller de carpintería en Nazaret. Pero su espera no fue una pérdida de tiempo, sino porque estaba fortaleciendo su carácter.
Por lo tanto, si Jesús, siendo Dios, se sometió al tiempo del Padre, ¿por qué nosotros nos resistimos tanto a esperar?
Debes saber que todo afán crea limitaciones, pero esperar en Dios no hace parecernos a Cristo.
Al apresurarse se toman decisiones equivocadas, se actúa con inmadurez, pero cuando esperamos en Dios, el Espíritu Santo trabaja en nosotros produciendo paciencia, humildad y confianza.
Porque, al final de cuentas, la espera no es pasividad, sino que es el taller donde Dios pule nuestro carácter.
Oremos: “Señor, reconozco que muchas veces corro y me acelero queriendo controlar lo que solo tú puedes manejar. Te pido perdón por mis afanes, porque me alejan de tu presencia y por las quejas en lugar de vivir confiado(a). Enséñame a esperar como Jesús esperó, y que cada espera forme tu carácter en mí; esto lo oro en el Nombre de Jesús. Amén”.
Versículo: “Bueno es el Señor con quienes esperan en él, con todos los que lo buscan.” Lamentaciones 3:25 (NVI)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
