El amor de Cristo nos sostiene cuando nuestras fuerzas
se agotan en los momentos más oscuros, cuando
sentimos que no podemos continuar, el amor de
Cristo nos abraza, nos fortalece y nos recuerda que
nunca caminamos solos. Su presencia es el
refugio que sostiene nuestra alma.
Porque estoy convencido de que ni la muerte ni
la vida… ni ninguna otra cosa creada nos podrá
separar del amor de Dios, que es en Cristo
Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:38-39
