Las tormentas pueden sacudir nuestro entorno, pero no
pueden apagar el amor de Cristo por nosotros. Su amor
es un refugio seguro donde encontramos fuerzas para
seguir adelante y la paz para esperar en Sus promesas.
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro
pronto auxilio en las tribulaciones.
Salmos 46:1
